88

Shyama (201 de 38).Agradecimiento

por tus manos esmeralda

por tu adorno de flores rodeando mi casa.

Agradecimiento

por mis palabras pájaro

emanación de ti

de tu cuerpo de joyas

de isla nieve

de danza espiral.

Agradecimiento

por el agua de río

que es cada vez más bosque

presencia que fluye y se lava

cambiante, aquí.

Agradecimiento

de luna, de bosque, de hogar.

Ochenta y ocho veces

gracias madre;

que tus bendiciones

belleza y gozo

se multipliquen en amor

para todos los seres sintientes.

.

87

Shyama (207 de 38)Recordaré la nieve como el origen de mi historia,

un nido de capas de polvo blanco y sereno

acolchando latidos

de cuervo recién nacido.

Viento helado,

recorriendo el desierto,

hablando con silbidos de ave nocturna

que solo se entiende a sí misma en la escarcha.

Viento, nieve, montaña

Desierto

Origen de aquello que forman mis huesos.

Leche luna amamantando a la tierra

en su hambre de cielo.

Vuelo de cuervos en la noche,

cruzando el espacio vacío

lanzando preguntas de muerte

y luego vida

al amanecer esmeralda

que se posa en las montañas del bosque.

.

86

Shyama (233 de 38)Lino niebla

cortina de objetos que flotan

caracolas de mar.

El viento las roza, golpean unas contra otras,

cristales, oscilación.

Tu cuerpo emerge como si naciera de las olas,

piel lechosa y marina

te sientas a mirar los barcos desde la arena.

Flores, te rodean flores

todo el cuerpo.

Te sientas a esperar el ocaso dorado

de tu mente,

la espuma del cielo,

el brillo del faro

en tus ojos.

.

85

Shyama (300 de 1)Anémonas

flores de mar

su cuerpo entreagua

se lleva el último soplo

de aquello que fue materia y nombre

y te anidó en sus brazos.

Corriente cálida en la noche de lluvia;

te lleva el agua

–cuerpo balsa–

te llueve el cielo.

La luna se asoma entre los árboles,

y ella te mira –cabellos blancos–

desde el infinito.

.

84

Shyama (225 de 38)Flores a tu altar

lino blanco cubriendo la madera.

El viento sopla casi imperceptible

a través de las nubes

–como gigantes de espuma–

que no se mueven.

Este día el corazón recuerda la montaña

y tu nombre presente en ella

abarcando todo el precipicio.

No hay tiempo

cuando todo lo que existe está latiendo

en los ojos del acantilado.

Nunca estuvimos más cerca

que cuando nos encontramos

aquí, en el medio del aire,

eternos.

.

83

Shyama (230 de 38)Tus ojos son grandes

porque quieren ver a través de la noche.

No tienes miedo, a pesar de que duermes solo

sobre la alfombra de rayas.

Tus pequeñas manos las guardas bajo las cobijas

que pesan como cien kilos de hojas secas.

La cabeza la dejas fuera,

tus pómulos se enfrían como dos cerezas de invierno.

En la noche escuchas algo que corre por el techo,

un ser del bosque, un vecino.

El miedo no pasa por tu boca;

al despertar dices que no has dormido nada

pero yo te vi respirar profundo en varias posiciones.

Eran unos ojos amarillos, dices, los que se asomaban

por el resquicio de la ventana

–eran amarillos y brillaban–

a los niños que se ríen como cometas,

los espíritus los guardan.

.

82

Shyama (232 de 38)El tiempo tiene esporas largas

y respira a través de sus huecos;

a través de sus silbidos la tarde exhala

sus humos y sudores de lluvia

que pronto matizarán de gris a los fantasmas

que caminan debajo,

en la calle,

como si fueran personas casi vivas;

pero a nadie engañan,

su corazón es azul

y brilla con cada silbido del tiempo.

Uno dos, dentro fuera, avanzan

a través de paredes y trenes,

a través de mí que soy un poco de ellos

y otro poco no tanto.

Mi corazón aún no es una espora,

pero cada mañana voy despertando

un poquito más azul,

un poquito menos planta.

.